Dolor lumbar y ejercicio terapéutico en Santa Cruz de Tenerife | Kinevo Fisioterapia

Dolor lumbar y entrenamiento de fuerza: ¿por qué no todos respondemos igual al ejercicio?

Cuando tienes dolor lumbar, es habitual recibir mensajes muy diferentes: “tienes que moverte”, “fortalece la espalda”, “haz ejercicio”, “no cojas peso”, “ten cuidado” o “si duele, para”. Y aunque el movimiento y el entrenamiento de fuerza pueden ser herramientas muy valiosas, hay una idea fundamental que muchas veces se pasa por alto: no todas las personas responden igual al mismo ejercicio.

Algunas personas sienten alivio después de entrenar. Otras no notan grandes cambios. Y otras, incluso, pueden sentirse más sensibles o doloridas si el estímulo no está bien elegido, no está bien dosificado o no llega en el momento adecuado.

El problema no es el ejercicio. El problema es aplicar el mismo ejercicio a todo el mundo como si todas las personas respondieran igual.

Un estudio reciente publicado en European Journal of Pain analizó precisamente esta cuestión en personas con dolor lumbar: cómo diferentes perfiles de pacientes responden al ejercicio dinámico de resistencia. Los investigadores observaron que las respuestas al ejercicio pueden variar mucho entre personas, y que factores como la sensibilidad al dolor, la modulación del dolor y el miedo al movimiento pueden influir en esa respuesta.

Ejercicio de fuerza lumbar controlado

🧠 ¿Qué es la hipoalgesia inducida por el ejercicio?

La hipoalgesia inducida por el ejercicio es la reducción temporal de la sensibilidad al dolor que algunas personas experimentan después de realizar ejercicio.

Dicho de forma sencilla: después de moverse o entrenar, algunas personas sienten menos dolor o perciben menos sensibilidad. Esto no ocurre porque el ejercicio tenga una propiedad “mágica” por sí mismo, sino porque puede actuar como un estímulo para los sistemas naturales de modulación del dolor del cuerpo.

Nuestro cuerpo tiene mecanismos propios para regular la percepción del dolor. El ejercicio, cuando está bien pautado, puede estimular esos sistemas. Pero esos mecanismos no funcionan igual en todas las personas ni en todos los momentos.

Por eso, dos personas pueden hacer exactamente el mismo ejercicio y tener respuestas completamente diferentes. Una puede sentirse mejor, otra igual, y otra más sensible. Esta diferencia es clave para entender por qué en fisioterapia y ejercicio terapéutico no basta con entregar una lista de ejercicios.

Los tratamientos no tienen efectos analgésicos especiales por sí mismos. Son estímulos que interactúan con el sistema nervioso, el sistema musculoesquelético, la experiencia previa, la confianza y los mecanismos de modulación del dolor de cada persona.

🔬 ¿Qué mostró el estudio sobre dolor lumbar y ejercicio de fuerza?

El estudio observó a 78 personas con dolor lumbar. Se valoraron variables como dolor clínico, sensibilidad al dolor, modulación del dolor, miedo relacionado con la actividad física y respuesta al ejercicio. Los participantes realizaron un ejercicio dinámico de resistencia: extensión de espalda en una silla romana a 45 grados. Después, los investigadores analizaron cómo cambiaba la sensibilidad al dolor antes y después del ejercicio.

A partir de esos datos, identificaron tres perfiles o “fenotipos” diferentes de respuesta al ejercicio:

  1. Personas con buena modulación del dolor y alta respuesta analgésica al ejercicio.
  2. Personas con modulación del dolor alterada y aumento de sensibilidad después del ejercicio.
  3. Personas con miedo elevado al movimiento, pero con cierta capacidad de respuesta positiva al ejercicio.

La conclusión más interesante no es que exista un ejercicio perfecto para el dolor lumbar. Al contrario. La gran enseñanza es que el ejercicio debe adaptarse a la persona..

👤 Perfil 1: personas que responden muy bien al ejercicio

El primer grupo fue el más numeroso.

Estas personas tenían una modulación del dolor más eficiente, bajos niveles de miedo al movimiento y una buena respuesta de hipoalgesia después del ejercicio. En otras palabras, su sistema respondía bien al estímulo. Tras realizar ejercicio de resistencia, experimentaban una reducción de la sensibilidad al dolor.

En estas personas, el entrenamiento de fuerza puede generar una sensación clara de alivio, mayor confianza y menor percepción de amenaza al movimiento. Esto puede facilitar que la persona vuelva a moverse más, gane fuerza y recupere seguridad en su cuerpo.

❗Pero incluso en este grupo, el ejercicio debe progresarse con criterio. Que una persona responda bien no significa que cualquier ejercicio, cualquier carga o cualquier intensidad sea adecuada.

👤 Perfil 2: personas que pueden sensibilizarse más después del ejercicio

El segundo grupo mostró una respuesta diferente. Estas personas tenían una modulación del dolor menos eficiente y, después del ejercicio, presentaban mayor sensibilidad al dolor. A esto se le llama hiperalgesia inducida por el ejercicio.

Esto es muy importante a nivel clínico, porque muchas personas interpretan esta respuesta como una señal de que “el ejercicio me va mal” o “mi espalda no puede entrenar”. Sin embargo, no siempre significa eso.

Cuando una persona empeora después de hacer ejercicio, no siempre significa que deba dejar de moverse. Puede significar que hay que ajustar mejor el estímulo.

Quizá el ejercicio fue demasiado intenso. Quizá la dosis no era adecuada. Quizá la persona necesitaba empezar con otra variante, otro rango de movimiento, otra carga, otra velocidad o una exposición más gradual. También puede que hubiese factores asociados como estrés, falta de descanso, miedo, experiencias previas negativas o una sensibilidad aumentada del sistema nervioso.

❗Aquí es donde la diferencia entre “hacer ejercicio” y “hacer ejercicio terapéutico” se vuelve fundamental.

👤 Perfil 3: personas con miedo al movimiento pero cierta capacidad de mejora

El tercer grupo tenía altos niveles de miedo-evitación relacionados con la actividad física, pero conservaba una capacidad moderada para modular el dolor. Estas personas podían experimentar cierto alivio después del ejercicio, aunque menos que el primer grupo.

Este perfil es muy frecuente en consulta. Personas que quieren mejorar, pero tienen miedo. Miedo a agacharse. Miedo a coger peso. Miedo a doblar la espalda. Miedo a que el dolor signifique daño. Miedo a empeorar.

En estos casos, el ejercicio no solo debe trabajar músculos. También debe trabajar confianza.

El miedo al movimiento puede modificar la forma en que una persona responde al ejercicio. Por eso, el acompañamiento profesional es tan importante como el ejercicio en sí.

❗La educación, la progresión, la seguridad, la explicación del proceso y la exposición gradual al movimiento son herramientas fundamentales. No se trata de forzar a la persona, sino de ayudarle a recuperar confianza paso a paso.

El proceso no es lineal, pero sí posible

💡 La gran lección: tratar a la persona, no al ejercicio

Durante mucho tiempo se ha hablado de ejercicios “buenos” o “malos” para el dolor lumbar. Pero la realidad es más compleja.

El mismo ejercicio puede aliviar a una persona y aumentar la sensibilidad en otra. No porque el ejercicio sea bueno o malo en sí mismo, sino porque cada persona tiene una historia, una sensibilidad, unas creencias, una capacidad de tolerancia y un contexto diferente.

El dolor lumbar no depende solo de músculos, discos o articulaciones. También influyen el sistema nervioso, el miedo, la experiencia previa, el descanso, el estrés, la confianza, el nivel de actividad física y la capacidad de tolerar carga.

Por eso, la clave no es encontrar “el ejercicio perfecto”. La clave es encontrar el estímulo adecuado para esa persona en ese momento.

En rehabilitación, el ejercicio no se prescribe como una receta cerrada. Se construye como un proceso.

Un proceso que requiere observar, medir, adaptar y progresar.

❓Entonces.. ¿Por qué no basta con hacer ejercicio por tu cuenta?

Moverse suele ser positivo. Pero cuando hablamos de dolor lumbar persistente, miedo al movimiento o sensibilidad elevada, muchas veces no basta con seguir una rutina genérica, copiar ejercicios de internet o hacer “lo que le funcionó a otra persona”.

Es importante valorar cómo se mueve la persona, conocer su historia de dolor, entender qué ejercicios le generan confianza y cuáles le generan amenaza. También es necesario controlar la carga, la intensidad, el rango de movimiento, la velocidad, la frecuencia y la progresión.

Y, sobre todo, es importante observar la respuesta.

👉¿Cómo se siente la persona durante el ejercicio?
👉¿Cómo se siente después?
👉¿Cómo está al día siguiente?
👉¿Ha ganado confianza o ha aumentado el miedo?
👉¿El estímulo ha sido útil o demasiado agresivo?

No se trata solo de hacer fuerza. Se trata de aplicar fuerza con criterio.

🧩 ¿Cómo trabajamos en Kinevo?

En Kinevo, el entrenamiento de fuerza forma parte de un enfoque de fisioterapia y ejercicio terapéutico. No lo planteamos como una rutina genérica, sino como una herramienta clínica que debe adaptarse a cada persona.

Nuestro trabajo parte de una valoración individual, del razonamiento clínico y de la escucha de la historia de cada paciente. A partir de ahí, buscamos entender cómo responde su cuerpo al movimiento, qué necesita mejorar, qué le genera inseguridad y qué estímulos pueden ayudarle a avanzar.

👀 El objetivo no es entrenar por entrenar. El objetivo es construir un proceso seguro, progresivo y adaptado.

Por eso combinamos fisioterapia, educación, ejercicio terapéutico, control de la carga y seguimiento profesional. En este contexto, la tecnología EGYM puede ser una herramienta especialmente útil.

EGYM permite realizar entrenamiento de fuerza de forma guiada, progresiva y controlada. Las máquinas ayudan a ajustar la carga, ordenar el entrenamiento, controlar la intensidad y facilitar que la persona gane confianza en un entorno seguro.

Pero EGYM no es una solución mágica.

EGYM no sustituye al criterio clínico. Lo potencia.

📌  La diferencia está en integrar la tecnología dentro de un proceso guiado por fisioterapeutas, donde cada ejercicio tiene un sentido, cada carga se ajusta y cada progresión responde a la evolución real de la persona.

🎯 El primer paso no es entrenar más fuerte. Es entrenar mejor.

Tener dolor lumbar no significa resignarse. Tampoco significa que debas evitar el movimiento para siempre. En muchos casos, el entrenamiento de fuerza puede ser una herramienta muy valiosa para mejorar la confianza, la capacidad física y la relación con el movimiento.

Pero la clave está en hacerlo bien.

No necesitas una lista de ejercicios. Necesitas un proceso adaptado a ti.

Si tienes dolor lumbar, miedo a moverte o no sabes por dónde empezar, en Kinevo podemos ayudarte a hacerlo de forma segura, progresiva y personalizada.

Porque no es solo cuestión de hacer ejercicio.

📈 Es cuestión de saber qué ejercicio, con qué dosis, en qué momento y con qué acompañamiento profesional.

Referencia

Lyons, K. M., Stout, J. R., Stock, M. S., Hanney, W. J., & Anderson, A. W. (2025). The Identification of Pain Phenotypes in Individuals With Low Back Pain in Response to Dynamic Resistance Exercise. European Journal of Pain, 29(10). https://doi.org/10.1002/ejp.70136